Hacer autostop es como la vida misma. Tienes que esperar, ver como pasa la gente, algunos te miran, otros se paran y te hablan para irse y otros, simplemente, pasan de largo. Claro, que siempre está esa persona que se para y te saluda con su mejor sonrisa, te invita a entrar en su coche y te lleva a tu destino, que también sera el suyo.
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